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Historia
Cómo se inició la nueva etapa del Seminario Pontificio Menor de Santiago
(1957-1962)


Los orígenes.
   El Seminario Pontificio de Santiago inició sus actividades tan sólo 43 años después de la fundación de la capital del Reino de Chile. Desde entonces, ha sido testigo permanente de la historia, de las angustias y los aciertos de nuestro país.
   Inmensa ha sido también la evolución del Seminario en estos 427 años transcurridos, desde que se instaló en el año 1584 en las dependencias en que funcionaba la Escuela de Gramática, a un costado de la Iglesia Catedral de Santiago, hasta el moderno edificio que hoy lo alberga en la Comuna de Las Condes. Desde los tiempos de la Colonia, el Seminario Pontificio estaba dividido en dos grandes áreas: el Seminario Mayor, en el cual se formaban los futuros sacerdotes, y el Seminario Menor, que tenía por misión preparar a los niños para enfrentar adecuadamente su posterior ingreso al Seminario Mayor.

     Este esquema, que se mantuvo por casi 4 siglos, debió enfrentar una radical readecuación en la segunda mitad del Siglo XX, cuando se comprobó que cada vez eran menos los alumnos del Seminario Menor que solicitaban su ingreso al Seminario Mayor.
   Lo anterior, junto a una nueva visión respecto a las vocaciones sacerdotales, llevaron a determinar que la vida de internado no era la más adecuada para la formación de niños adolescentes, ni para la vida familiar ni sacerdotal.
   Es así como, a fines de la década de los 50, se forjó una nueva concepción del rol que debería tener el Seminario Pontificio Menor, para lo cual se inician las presentaciones y tramitación de esta innovadora propuesta ante la Sagrada Congregación de Seminarios y Universidades de Roma, en El Vaticano.

   Concedida esta autorización, el Arzobispado de Santiago hizo un llamado a los matrimonios comprometidos con la Iglesia para que retirasen a sus hijos de los colegios en que se encontraban y los ingresaran al Seminario Pontificio Menor, comprometiéndose así con esta nueva experiencia que se puede resumir en: «Formar a los Apóstoles que la Iglesia y la Patria Necesitan».

   De este modo, en 1962, se dio inicio a la nueva experiencia y los niños comenzaron a ser formados de manera tal que pudieran vivir intensamente su vida familiar y que, por medio del testimonio de sus padres, se fueran incorporando a la acción apostólica.
La propuesta de un Colegio Seminario Menor

    Monseñor Tagle aludió a la situación de la Iglesia en otros países, especialmente de Europa y Norteamérica, donde sus seminarios menores también atravesaron por igual dificultad y se adoptaron nuevas estructuras para romper las rigideces y convertirlos en colegios católicos, pero sin perder su esencia de captador de vocaciones sacerdotales.

   Entre las principales sugerencias que se hicieron en julio de 1957, estaban:

1º El Seminario Menor se transformaría en un excelente colegio católico, externo, eliminándose así los dos grandes obstáculos para el ingreso de alumnos.

2º Se distinguiría por una sólida educación, una excelente formación religiosa e intensas actividades apostólicas, cultivándose así las disposiciones espirituales y los anhelos vocacionales de los niños.

3º Habría de contar con el prestigio de ser plantel educacional de primera importancia, dotado de un cuerpo de profesores de gran calidad. Hay que recordar el prestigio de que gozaba antiguamente y el alcanzado en poco tiempo por colegios pedagógicamente bien organizados.

4º La afluencia de alumnos sería grande por las siguientes razones:

a).- Por el prestigio mismo del Establecimiento.
b).- Por el local y la extensión de que actualmente disfruta.
c).- Por la enorme demanda de colegios católicos, que hace necesario matricular a los niños con años de anticipación.
d).- Por el anhelo que tienen las familias más cristianas de que sus hijos recibieran una eximia formación religiosa, mejor de la que actualmente se da en la generalidad de los colegios, de la cual no se hallan satisfechos.
e).- Porque los padres de familia que desean tener hijos sacerdotes, estarían felices de enviarlos, sabiendo que van a un ambiente más propicio para el cultivo de la vocación.
f).- Porque sería sumamente fácil hacer una campaña efectiva y amplia de reclutamiento entre las familias cristianas, no existiendo ninguno de los obstáculos actuales.

5º La afluencia de candidatos permitiría al Seminario hacer una cuidadosa selección y contar con un buen número de niños con vocaciones, que permitiría esperar resultados halagadores. Hay que hacer especial hincapié en la importancia de la formación espiritual y actividades apostólicas, ya que de ellas dependería el cultivo de la vocación.

6º Como siempre, habría niños de fuera de Santiago u otros que por diversas razones necesitaran o quisieran vivir en el Seminario, permanecería el Internado sólo como pensionado para esos alumnos.

   Monseñor Tagle, también señaló que para poder enfrentar esta nueva etapa, el Seminario Menor debía ampliar su educación a Preparatorias, como “una forma de asimilarse a un Colegio Católico que brinde educación desde la infancia”.

La respuesta de la Sagrada Congregación de Seminarios y Universidades.

El estudio de Monseñor Tagle fue muy bien acogido por el Cardenal José María Caro, quien lo apoyó e impulsó hasta su muerte. Se iniciaron las gestiones ante la Sagrada Congregación de Seminarios y Universidades del Vaticano, las que fueron impulsadas desde Chile por los Monseñores Tagle y Silva Henríquez.

   El 9 de mayo de 1961, el Administrador Apostólico del Arzobispado de Santiago, Emilio Tagle Covarrubias, recibió una extensa misiva del Cardenal José Pizzardo, en la cual se le expresa que concuerdan con que el Seminario Menor de Santiago podría “progresar notablemente” si fueran separados ambos seminarios, “tanto por lo que pasa por los edificios como por el régimen” .

   La carta proveniente de la Santa Sede deja claramente establecido que deberá nombrarse un Rector distinto al del Seminario Mayor y nombrar otros sacerdotes para que se encarguen de áreas tales como la disciplina, la administración de bienes y la vida espiritual.
    Se indica que tanto los superiores como profesores deben estar totalmente libres de “todo oficio extraño al Seminario”, de tal modo que puedan dedicarse totalmente a su principal cargo de “enseñar y educar”.


Inicio de la nueva etapa y el llamado a las familias del Cardenal Raúl Silva.
   Así, en 1962, el Seminario Pontificio Menor de Santiago, luego de casi 4 siglos de estar unido al Seminario Mayor, inicia su vida independiente, con la autorización de El Vaticano, como una forma de modernizarlo educativamente, captar un alto número de alumnos y cumplir efectivamente con su misión captadora de vocaciones.

    El 30 de agosto de 1962, ya era Arzobispo de Santiago el Cardenal Raúl Silva Henríquez, quien - con esa fecha- emitió una carta abierta a la feligresía, en la que hizo especial referencia al Seminario Pontificio Menor, a la nueva etapa que estaba comenzando y a su trascendencia. 
    El Cardenal Silva manifestó, que “muchos padres de nuestro querido Movimiento Familiar Cristiano se han decidido a colaborar activamente y han colocado sus hijos en el nuevo colegio. Sé que están íntimamente convencidos del bien que este cambio ha resultado para sus hijos”.
    El Cardenal Raúl Silva, en la misma carta pastoral, explica a las familias católicas de la Diócesis el fin principal del Seminario Pontificio Menor de Santiago:

- Formar Apóstoles, es decir, juventud que esté dispuesta a servir a Jesucristo y a su Iglesia en todo lo que Dios quiera y lo manifieste claramente a través de sus pastores.

- No es, por lo tanto, el fin específico exclusivo “formar futuros sacerdotes” como lo era la orientación anterior, ni formar “buenos cristianos” sin compromiso especial para con la Iglesia. Este colegio quiere “lograr promover las vocaciones apostólicas que la Iglesia en Chile necesita urgentemente en la hora presente: dirigentes futuros en la consagración sacerdotal y dirigentes futuros en la consagración laical a las tareas de la Iglesia, en el orden temporal, en primer lugar la familia”.

- Además de la orientación de la vocación de cada uno en la Iglesia, no pequeño beneficio será la convivencia durante los años de formación de los futuros dirigentes de la Iglesia, sacerdotes y laicos.

  El Cardenal Silva, en la parte final de su carta a las familias cristianas de Santiago, reafirmó el compromiso que deben tener las familias con este nuevo Seminario Menor, señalando que “os confío que la Sagrada Congregación de los Seminarios autorizó este Colegio Seminario Menor, en su concepción actual, sólo porque supo que el Movimiento Apostólico de Familias Cristianas de Chile estaba dispuesto a apoyar y colaborar con todo su esfuerzo en esta iniciativa”.

El Colegio Seminario Pontificio Menor.

   Y así, tras un período de casi 5 años de análisis, reorientación de objetivos, múltiples gestiones ante El Vaticano, el Seminario Pontificio Menor de Santiago inició su nueva etapa, independiente del Seminario Mayor.

   Si bien se indicó que su nuevo fin era “formar apóstoles”, se mantuvo vigente, según lo que se desprende de lo acordado por la Sagrada Congregación de Seminarios y Universidades del Vaticano, la misión de captar vocaciones sacerdotales.