Hay aprendizajes que comienzan con gestos muy sencillos. Una mano sobre el hombro, una oración compartida en familia o una pequeña semilla que necesita de nuestra dedicación para poder crecer.
Durante la mañana del martes 18 de agosto, los niños y niñas de Kínder vivieron junto a sus familias un nuevo Hito Formativo: “Dios me ama y me cuida”, una de las tradiciones que acompaña el crecimiento de nuestros estudiantes durante su paso por el Semiponti.
Reunidos en la capilla, padres, madres e hijos fueron invitados a detenerse por un momento para agradecer por la vida y reconocer todas aquellas formas en que experimentamos el amor y el cuidado de Dios a través de quienes nos rodean.
La celebración fue presidida por el Padre Andrés Moro, quien compartió con las familias la importancia de estos encuentros como espacios para agradecer y celebrar la vida que Jesús nos regala cada día. A partir del Evangelio según San Mateo, los niños reflexionaron sobre un mensaje sencillo y profundo: Dios los ama y los cuida siempre.
Uno de los momentos más significativos ocurrió cuando los padres pusieron sus manos sobre los hombros de sus hijos. En silencio, cada familia tuvo un espacio para agradecer por ellos y pedir sabiduría, paciencia y alegría para acompañarlos y guiarlos en su camino de fe.
Pero esta vez, el cuidado también tomó una forma concreta.
Al finalizar el encuentro, cada niño recibió una pequeña planta con semillas de cilantro, ciboulette o albahaca. La invitación fue llevarla a casa, encontrarle un lugar especial y asumir la misión de cuidarla y acompañar su crecimiento.
Un gesto sencillo que encierra el gran aprendizaje de este Hito: así como ellos son amados, acompañados y cuidados por Dios y sus familias, también están llamados a entregar ese mismo cuidado a los demás. A sus amigos, a la naturaleza, a quien está triste o a quien pueda sentirse solo.
Antes de regresar a sus salas, el Padre Andrés bendijo a las familias y las pequeñas plantas que desde ese día acompañarán a los niños también en sus hogares.
Así, cada semilla se convirtió en un pequeño recordatorio de aquello que los niños descubrieron durante la mañana:
cuando nos sentimos amados y cuidados, también aprendemos a cuidar a otros.




