Durante agosto, estudiantes, familias y educadores participaron en distintas experiencias de servicio, encuentro y reflexión que llevaron la solidaridad desde las salas de clases hacia distintos espacios de nuestra comunidad.

¿Qué no estoy viendo? ¿Qué personas pasan a mi lado sin que las vea? ¿Qué realidades necesitan que aprendamos a mirar con mayor humanidad?

Durante agosto, estas preguntas acompañaron al Semiponti en la celebración del Mes de la Solidaridad, un tiempo que este año nos invitó a ir más allá de la ayuda concreta para detenernos en algo que ocurre antes de cualquier acción solidaria: aprender a mirar al otro.

Para representar este desafío, nuestra comunidad recibió simbólicamente los “anteojos de la solidaridad”, unos anteojos amarillos inspirados en el aromo, árbol que florece durante agosto y anuncia vida incluso en medio del invierno. Una imagen sencilla que acompañó durante el mes a nuestros estudiantes y que los invitó a observar su entorno desde una mirada más atenta, humana, esperanzada y comprometida.

Y esa invitación tomó distintas formas de acuerdo con cada etapa de la vida escolar.

La solidaridad también se aprende desde pequeños

En Preescolar, el desafío comenzó en familia. Los niños y niñas fueron invitados a escoger conscientemente un juguete propio para regalar en el marco de una campaña destinada a Fundación Regazo. Antes de realizar la donación, las familias recibieron un material de reflexión para conversar sobre cómo podría sentirse el niño que recibiera aquel juguete, por qué compartimos con quienes han tenido menos oportunidades y de qué otras maneras podemos ser solidarios en nuestra vida cotidiana.

De esta manera, donar dejó de ser simplemente llevar algo al Colegio: significó pensar en quién estaría al otro lado de ese gesto.

En 1° y 2° Básico, la solidaridad llegó a través de una campaña de recolección de artículos de aseo y dulces destinados a Café Fraterno. El sábado 29 de agosto, las familias se reunieron para preparar las bolsas que posteriormente serían entregadas a personas en situación de calle, mientras los niños y niñas confeccionaron tarjetas para acompañar cada aporte con un mensaje preparado especialmente por ellos.

Los estudiantes de 3° y 4° Básico, en tanto, descubrieron que también podemos servir a quienes encontramos todos los días. A través de las Cuadrillas de la Limpieza y el Orden, se organizaron para cuidar patios y salas, reconociendo el trabajo cotidiano que realizan quienes mantienen nuestra casa común. Los terceros básicos complementaron esta experiencia preparando cartas y un encuentro de agradecimiento para nuestros auxiliares, mientras que en 4° Básico las familias confeccionaron sus “Corazones Solidarios”, vinculando esta experiencia de servicio con el camino hacia la Primera Comunión.

Cuando mirar al otro significa encontrarse

En 6° Básico, ponerse los anteojos de la solidaridad significó salir al encuentro. Estudiantes y familias visitaron a adultos mayores de la Parroquia Nuestra Señora de Apoquindo, donde compartieron conversaciones, juegos de mesa y una tarde marcada por la escucha y el cariño.

Esa misma experiencia de encuentro intergeneracional fue vivida por los estudiantes de 7° y 8° Básico junto a sus familias y educadores. El sábado 29 de agosto llegaron hasta la Villa San Luis de Las Condes, reuniéndose con adultos mayores del sector en el Salón Parroquial de Nuestra Señora del Rosario.

Un bingo recreativo, conversaciones y la presentación del grupo folclórico Raíces sin Fronteras dieron vida a una jornada pensada especialmente para compartir. Los estudiantes prepararon además presentes que incluyeron denarios confeccionados por ellos, una imagen del Beato Carlo Acutis, una toalla de mano y jabones.

La jornada permitió también transformar el encuentro en ayuda concreta: se entregaron kits con pañales y sabanillas destinados a adultos mayores en condición de postración del sector.

TAS Semiponti: ponerse al servicio de otros

Para nuestros estudiantes de Enseñanza Media, agosto estuvo marcado especialmente por una nueva versión de los Trabajos Apostólicos Solidarios (TAS) Semiponti 2026.

Durante cinco jornadas, estudiantes de I a IV Medio, grupos pastorales, educadores y apoderados llegaron hasta la Parroquia Santa Cruz, donde pusieron sus manos y su tiempo al servicio de una comunidad que diariamente acompaña a personas y familias en situación de vulnerabilidad.

Organizados en cuadrillas, lijaron y pintaron el cierre perimetral, desmalezaron y plantaron áreas verdes y trabajaron manualmente en el piso del templo. Pero la experiencia fue mucho más allá del mejoramiento de sus espacios.

Nuestros estudiantes pudieron conocer y colaborar con el comedor solidario que atiende diariamente a alrededor de 100 personas, además de participar en la preparación de 65 camas para el albergue parroquial.

Así, aquello sobre lo que habíamos reflexionado durante el mes adquirió rostros, nombres y realidades concretas.

Un mes para mirar diferente

El Mes de la Solidaridad también reunió a nuestra comunidad en experiencias compartidas de fe. Comenzamos agosto participando en la Caminata al Santuario del Padre Hurtado, vivimos nuestras liturgias y Misas de la Solidaridad y, el 18 de agosto, nos reunimos en una Oración Cantada en comunidad, conmemorando a San Alberto Hurtado y el Día de la Solidaridad.

Cada campaña, visita, encuentro, carta, juguete entregado, espacio recuperado y conversación vivida tuvo características distintas. Sin embargo, todas nacieron de una misma convicción: la solidaridad no se limita a entregar algo que tenemos; comienza cuando somos capaces de reconocer al otro y permitir que su realidad también nos importe.

Durante agosto quisimos sentir el júbilo de dar, sensibilizarnos frente a las necesidades que existen en nuestro país y comprender la solidaridad como una experiencia que se aprende y cultiva tanto en el Colegio como en nuestras familias.

Quizás por eso los anteojos amarillos que nos acompañaron durante estas semanas representan mucho más que el símbolo de una campaña. Son una invitación que permanece incluso cuando agosto termina.

Porque siempre habrá algo que todavía no estamos viendo. Una persona a quien escuchar, una realidad que conocer, una necesidad ante la cual actuar o alguien que simplemente necesita que nos detengamos a su lado.

Y educar en solidaridad es, también, enseñar a mirar.

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