Desde conectar un circuito eléctrico con sus propias manos hasta observar reacciones químicas en tiempo real: así se están viviendo las clases de Ciencias en el Colegio gracias a las nuevas salas temáticas, espacios diseñados especialmente para cada asignatura que han transformado por completo la forma en que se enseña y aprende: Química y Física.
Estas salas especializadas permiten una enseñanza más personalizada, dinámica y segura, donde los estudiantes pueden experimentar, trabajar en equipo y desarrollar proyectos tanto individuales como grupales, conectando la teoría con la práctica de manera concreta.
En este formato de clases, el aprendizaje se vuelve más personalizado, ya que los grupos reducidos permiten que el docente pueda atender dudas específicas, adaptarse al ritmo de cada estudiante y generar instancias de mayor acompañamiento. Esto no solo mejora la comprensión de los contenidos, sino que también acerca las ciencias a estudiantes que quizás antes no se sentían atraídos por ellas. Al vivir la experiencia de manera práctica y concreta, muchos descubren que Química o Física no son tan difíciles como pensaban, y que pueden ser incluso apasionantes cuando se conectan con la vida real.
“Contar con un espacio especializado para Química, con todas las medidas de seguridad, los materiales necesarios y una infraestructura adecuada, marca una diferencia enorme. Nos permite realizar clases más completas, con foco en lo práctico y en la comprensión real de los fenómenos químicos”, comenta la profesora Katherine Tapia, quien lidera las clases de Química en el laboratorio.
En paralelo, la sala de Física también ha sido equipada para realizar experimentos e intervenciones activas que refuercen los contenidos vistos en clases. Esto ha mejorado el nivel de atención, participación y entusiasmo de los estudiantes.
“El impacto que tienen estos espacios en el aprendizaje es notorio. Los estudiantes se involucran más, pueden aplicar lo aprendido en contextos reales y trabajar de forma colaborativa. Esto eleva su motivación y comprensión, ya sea en proyectos individuales o en equipo”, destaca el profesor de física, Sebastián Basualto.
Y son justamente los estudiantes quienes más valoran esta nueva forma de aprender.
“Trabajar con proyectos prácticos es mucho más entretenido. No es solo escuchar al profe hablar, sino que podemos experimentar nosotros mismos. Así uno entiende mejor”, cuenta José Miguel Romero, estudiante de octavo básico.
Por su parte, Catalina Castillo, también de octavo, recuerda con entusiasmo una de las últimas actividades: “En la clase de Física hicimos un circuito eléctrico. Teníamos que conectar cables, una ampolleta y un encendedor para que se generara luz. Fue bacán ver cómo algo que parecía difícil en la pizarra, sí lo podíamos hacer en la práctica”.
Finalmente, Cristóbal Oleda, otro alumno, destaca el valor de la organización de las clases con las salas temáticas: “Es bueno que tengamos salas separadas para Química y Física, porque así el curso se divide. Mientras unos están en el laboratorio, los otros están en la sala de Física, y después rotamos. Como somos menos en cada grupo, es más fácil concentrarse y el profe puede ayudarnos mejor”.
De esta forma, las ciencias dejan de ser solo contenido para memorizar, y se convierten en experiencias significativas que despiertan la curiosidad, la reflexión y el entusiasmo por descubrir el mundo.






































