En vísperas de Fiestas Patrias, nuestra comunidad se reunió en una celebración eucarística que integró la fe con las tradiciones de nuestro país, agradeciendo por Chile, su gente y la historia que compartimos.

Los colores, la música y las tradiciones de nuestro país fueron parte de una especial jornada en el Colegio Seminario Pontificio Menor. Este jueves, nuestra comunidad se reunió para celebrar la tradicional Misa a la Chilena, una instancia que nos invitó a comenzar las celebraciones de Fiestas Patrias desde aquello que está en el corazón de nuestro proyecto educativo: vivir la educación y la fe en comunidad.

La Eucaristía comenzó encomendando a Dios nuestra Patria y agradeciendo no solo por la riqueza de su geografía, sino especialmente por las mujeres, hombres, jóvenes y niños que forman parte de ella. La llegada de la Virgen del Carmen, Madre y Reina de Chile, acompañada por la danza y el canto de nuestros estudiantes, dio inicio a una celebración donde distintos elementos de nuestra identidad nacional fueron encontrándose con la fe.

Una Patria que construimos entre todos

Uno de los momentos significativos de la jornada fue la entrada y bendición de la Bandera Nacional, recibida como símbolo de nuestra unidad e identidad. Frente al altar, nuestra comunidad dio gracias por la historia de Chile y por todas las personas que, generación tras generación, han contribuido a construirla.

La riqueza cultural de nuestro país también estuvo presente durante la Liturgia de la Palabra. Al ritmo de sonidos del norte de Chile, estudiantes acompañaron con danza el ingreso del Evangeliario, integrando nuestras expresiones culturales a uno de los momentos centrales de la celebración.

Pero celebrar a Chile también significó mirar con esperanza el país que queremos seguir construyendo. En la oración de la comunidad pedimos especialmente por las familias chilenas, por quienes atraviesan momentos de adversidad y por la construcción de una sociedad donde nadie quede rezagado, fundada en el respeto, la solidaridad, el amor fraterno y el bien común. También hubo un espacio para reconocer y valorar las raíces y la dignidad de los pueblos originarios que habitan nuestro territorio.

Nuestra tierra también llegó hasta el altar

Las ofrendas volvieron a conectar la celebración con aquello que nos identifica. Flores y agua representaron la riqueza de nuestra tierra y el deseo de construir una Patria más justa y consciente, mientras que el pan y el vino recordaron el esfuerzo cotidiano de tantos hombres y mujeres que, desde distintos lugares y oficios, contribuyen cada día al desarrollo de nuestro país.

Así, cada gesto fue recordándonos que nuestra identidad no se construye únicamente desde los símbolos o las tradiciones, sino también desde la manera en que nos encontramos, nos cuidamos y asumimos la responsabilidad de construir juntos una sociedad más fraterna.

Un pie de cueca para nuestra Madre y Reina de Chile

Y si comenzamos nuestra Eucaristía recibiendo a la Virgen del Carmen entre música y danza, también quisimos finalizarla de una manera profundamente chilena.

Estudiantes y educadores se reunieron frente a nuestra Madre y Reina de Chile para ofrecerle un pie de cueca, encomendándole nuestra Patria y celebrando, además, los 100 años de su coronación. Fue un cierre lleno de alegría, tradición y fe, antes de recibir la bendición para nuestro país y para cada integrante de nuestra comunidad.

En el Semiponti creemos que nuestras tradiciones también son una oportunidad para encontrarnos, agradecer y reconocer la historia que compartimos. Esta Misa a la Chilena nos permitió comenzar nuestras celebraciones de Fiestas Patrias poniendo a Chile en oración y renovando nuestro compromiso de contribuir, desde nuestra propia comunidad, a la construcción de una Patria más humana, fraterna y solidaria.

¡Viva Chile y viva nuestra comunidad Semiponti!

Haz clic en la siguiente imagen para acceder a todo el registro de esta jornada:

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