Nuestro estudiantes de Primero Básico A y B vivieron un momento muy especial en la Capilla del colegio durante la mañana, acompañados por sus familias, en la celebración dedicada a sus Ángeles Custodios. Este hito formativo buscó que los niños y niñas, junto a sus padres, agradecieran y reflexionaran sobre la presencia y el cuidado constante de ese “compañero enviado por Dios” que los guía y protege día a día.

La eucaristía fue guiada por el Padre Andrés Moro, quien destacó la importancia de estos espacios formativos que se realizan en cada nivel escolar:

“Estos hitos nos permiten detenernos y reconocer los regalos que Dios nos da, como la compañía de nuestro Ángel de la Guarda, y agradecerlo en comunidad”, señaló.

Durante la celebración se proclamó el Evangelio según San Mateo (18, 1-5.10), en el que Jesús invita a hacerse como niños para entrar en el Reino de los Cielos, recordando que “sus ángeles en el cielo contemplan sin cesar el rostro de mi Padre”. A partir de este pasaje, se reflexionó sobre la misión de los Ángeles Custodios como protectores y guías espirituales en la vida de cada persona.

Uno de los momentos más emotivos fue la acción de gracias, en la que estudiantes de ambos cursos expresaron gratitud por la familia, los amigos y por el regalo de tener un Ángel de la Guarda que siempre los acompaña. Luego, los niños interpretaron la canción “El Barco”, que simboliza el viaje de la vida con Jesús como capitán.

La coordinadora de ciclo, Elizabeth Conejeros, también dirigió unas palabras, reforzando el compromiso de toda la comunidad educativa con el cuidado y formación de los estudiantes:

“Todos nosotros —profesores, coordinadores, equipo administrativo—, absolutamente todos, estamos para cuidar a los niños durante toda su etapa escolar. La familia de cada estudiante trabaja en conjunto con el colegio, siempre en favor de nuestros niños”, afirmó.

La ceremonia concluyó con un gesto significativo: cada niño recibió una imagen de su Ángel Custodio, bendecida por el Padre Andrés, con la invitación a colocarla en su velador para recordarle cada día, saludarlo y rezarle antes de dormir. El canto final “Ángeles” selló la jornada con un ambiente de alegría y fe compartida.

Este hito no solo fortaleció la vivencia religiosa de los estudiantes, sino que también reafirmó el papel de las familias como primeras formadoras en la fe, trabajando de la mano con el colegio para acompañar a los niños en el descubrimiento de la presencia amorosa de Dios en sus vidas.

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